Palabras como armas

—Te presento a mi nuevo camaleón —indicó Nando, señalando al terrario que servía como hogar de la mascota—.  Atrapé unos insectos para él —el niño arrojó algunos en el contenedor.

Gonzalo, el amigo de Nando, observó.

—¡Oye! —exclamó Gonzalo después de unos minutos—.  ¿A dónde fueron esos insectos?  Por un segundo los vi, y al siguiente… ¡desaparecieron!

—Él se los comió —explicó Nando.

—No se los comió —respondió Gonzalo—.  Yo lo estaba mirando.

—Sí —afirmó Nando—, pero la lengua de un camaleón es rápida.  Es más larga que su cuerpo y veloz como un relámpago —el niño sonrió cuando su padre entró en la habitación—.  ¿Verdad, papá?

El padre asintió.

—Los fotógrafos usan una cámara lenta para aprender los hábitos alimenticios de los camaleones —aseguró—.  La lengua tiene forma de tubo y es pegajosa al final.  Es como un arma que fácilmente puede sacar y capturar a su presa.

—Guau —expresó Gonzalo—.  ¡Suena muy peligroso para los insectos!

—Sí —declaró Nando—.  Un minuto están caminando por ahí, creyendo que todo está bien, y entonces, ¡PUM! Se convirtieron en almuerzo.

—¿Saben? —comentó papá—.  La Biblia dice que nuestras lenguas también son así.

—¡No, para nada! —opinó Gonzalo—.  No podemos estirar a toda velocidad nuestras lenguas para comer algo que está en el otro lado de la habitación —el amigo sonrió—.  Aunque cuando veo los dulces que tiene la señora Donoso en su escritorio durante la hora de silencio para leer, sí quisiera tener una lengua de camaleón.

Papá rio.

—Me refiero a que nuestras lenguas también pueden ser peligrosas y tenemos que controlarlas.  Podemos atacar a otros con palabras hirientes y groseras tan rápido como el camaleón saca su lengua al ver un insecto.  Pero, como cristianos, nuestras lenguas no deberían ser usadas como armas.  Debido a que confiamos en Jesús, Él ha cambiado nuestros corazones y nos ha llenado con Su amor, así que nuestras palabras deben reflejarlo.  La Biblia dice que no deberíamos alabar a Dios y decir palabras amables y alentadoras en un momento, para después atacar a alguien con nuestras palabras en el siguiente momento.  Eso no encaja con lo que Jesús nos ha llamado a ser.  Debemos controlar nuestras palabras y usarlas para guiar a otros al Señor, no como arma para atacar.

Nando le dio un vistazo al terrario.

—Tal vez no pueda ver cómo la lengua de mi camaleón ataca a su presa —admitió—.  Pero mi mascota me ayudará a recordar que sí puedo controlar mi propia lengua.

LUCINDA J. ROLLINGS

NO HIERAS CON TUS PALABRAS

VERSÍCULO CLAVE: SANTIAGO 3:10 (NVI)

DE UNA MISMA BOCA SALEN BENDICIÓN Y MALDICIÓN. HERMANOS MÍOS, ESTO NO DEBE SER ASÍ.

Tu lengua está fuera de control?  ¿La usas como un arma y dices palabras que no son amables?  Lo que digas puede herir a otros… a veces por mucho tiempo.  Pero si confías en Jesús, puedes controlar tu lengua porque Él te ha llenado con Su amor.  Usa tus palabras para comunicar las cosas maravillosas que el Señor ha hecho por ti y el amor que Dios tiene para cada persona.

Clave de Hoy
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