Ojalá pudiera…

Amelia quedó mirando el piso mientras su compañera de clase, Himari, caminaba hacia el piano.  Cuando ella comenzó a tocar el solo de piano, Amelia trató de distraerse hojeando su Biblia.  No quería escuchar el solo de Himari.  «Después de la iglesia, todos hablarán de lo lindo que toca el piano Himari», pensó.  No quería oír eso tampoco.  «Himari no es mayor que yo.  ¿Por qué puede tocar tan bien?  Ojalá pudiera tocar en la iglesia, como ella».

Esa semana se llevó a cabo la carrera anual de todas las escuelas.  La escuela de Amalia era la anfitriona.  Mientras la niña esperaba a un lado para que empezara la carrera, oyó que alguien la llamaba.

—¡Oye, Amelia!  ¿Estás lista para ganar a todos?

Amelia se volteó para ver que Himari caminaba hacia ella.

—Haré mi mejor esfuerzo —aseguró Amelia.

—Tú puedes hacerlo… Ojalá pudiera correr tan rápido como tú —admitió Himari y suspiró—.  Pero estoy segura de que no le ganaría ni a una tortuga.

Amelia miró a Himari, sorprendida.  Después de un momento, rio.

—Qué gracioso.  Siempre he deseado poder tocar el piano tan bonito como tú y tú deseas correr tan rápido como yo.

Himari sonrió.

—Supongo que las dos somos unas ridículas.

—Creo que sí.  Incluso traté de no escuchar tu solo de piano el domingo, pero de todos modos te oí.  Lo hiciste excelente.

—Gracias —expresó Himari justo antes que la entrenadora viniera por Amelia para la próxima carrera—.  ¡Espero que ganes, Amelia!

Esa tarde, en su casa, Amelia le contó a su mamá sobre la conversación con Himari.

—Creo que tanto tú como Himari aprendieron una lección importante —opinó la madre—.  No deberíamos desperdiciar el tiempo deseando poder hacer algo que otra persona está haciendo.  Dios nos ama a cada uno de nosotros tal como somos y nos dio diferentes habilidades, para que podamos usarlas para servirlo a Él.

—Sí, pero no estoy segura de cómo puedo servir a Dios corriendo —respondió Amelia.

—Está bien —indicó mamá—.  Dios te guiará para que sepas lo que Él quiere que hagas.  Por ahora, simplemente disfruta de correr y disfruta también los talentos de las demás personas.  Nuestras habilidades son dones de Dios que nos permiten llevarnos unos a otros a Jesús, para que veamos Su amor por nosotros.

Amelia asintió, pensativa.

—¡Me muero de ganas de oír a Himari tocar el piano en la iglesia otra vez!

LINDA WEDDLE

NO ENVIDIES A OTRAS PERSONAS

VERSÍCULO CLAVE: 1 CORINTIOS 13:4

EL AMOR NO TIENE ENVIDIA; EL AMOR NO ES JACTANCIOSO, NO ES ARROGANTE.

¿Has deseado poder hacer algo tan bien como lo hace otra persona?  ¿Sientes envidia de las habilidades musicales, artísticas, académicas o atléticas de otras personas?  La lectura bíblica de hoy nos da el ejemplo de un terrible pecado que fue cometido por causa de la envidia.  Cuando te sientas envidioso de otra persona, recuerda que Dios te ama tal como eres.  Y después, usa las habilidades que el Señor te ha dado para servirlo y llevar a otros a Jesús.

Clave de Hoy
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