No juzgues un libro por su portada

—¡Mamá, lo tengo! —anunció Eva un día, después de la escuela.

—¿Tienes qué? —preguntó su hermano Benjamín—. ¿Es contagioso?

El niño se movió al otro lado de la habitación, fingiendo tener miedo de su hermana. Eva lo miró con enojo y sostuvo en algo un libro. La imagen de la portada mostraba una niña en una falda larga que cocinaba en una estufa antigua. Benjamín hizo una mueca y Eva sonrió.

—Es el libro que le conté a mamá, el que había encontrado en la biblioteca de nuestra escuela. Te enseña cómo hacer buñuelos, como en la época de los pioneros. Mamá dijo que me ayudaría a hacer algunos si le traía la receta —la niña miró a su madre—. ¿Podemos hacerlos hoy?

—Sí, después de la cena —contestó mamá.

Al terminar su comida, le asignaron a Benjamín la tarea de limpieza y Eva corrió a traer el libro que había traído a casa. Lo abrió emocionada y hojeó algunas páginas. Después lo cerró y miró la portada.

—Qué raro —comentó, confundida—. La cubierta de este libro dice que trata sobre la cocina en tiempos antiguos, ¡pero en realidad es sobre automóviles antiguos! ¡No puedo creer que no me haya dado cuenta antes!

—¡Oye! ¡Parece que ese sí resultó ser un buen libro después de todo! —exclamó Benjamín con una sonrisa—. Creo que tú deberías lavar los platos para que yo pueda leer ese libro.

—De alguna manera, le pusieron la cubierta equivocada —indicó mamá al observar el libro—. Supongo que eso comprueba el viejo dicho: «No juzgues a un libro por su portada» —ella sonrió a sus hijos—. ¡Y lo mismo sucede con las personas!

Benjamín miró a su madre, confundido.

—¿A qué te refieres?

—La gente también se pone a veces una buena cubierta —explicó mamá—. Puede que vayamos a la iglesia y hagamos muchas cosas buenas. Tal vez podamos engañar a quienes nos miran para que piensen que somos tan buenas personas que de seguro somos cristianos. Pero Dios sabe lo que hay adentro. Él sabe si hemos confiado en Jesús o no, si realmente somos cristianos o solo estamos fingiendo algo que no somos.

—Bueno —expresó Eva—, en comparación con eso, el engaño de la portada de este libro no es tan grave, pero hoy no comeremos buñuelos.

—Entonces, ¿eso significa que ya no tengo que lavar los platos? —preguntó Benjamín con esperanza.

—Significa que tienes quien te ayude —afirmó mamá—. Vayamos a limpiar todos.

HAZEL W. MARETT

NO PUEDES ENGAÑAR A DIOS

VERSÍCULO CLAVE: 1 REYES 8:39

[TÚ, DIOS} CONOCES SU CORAZÓN, PORQUE SOLO TÚ CONOCES EL CORAZÓN DE TODOS LOS HIJOS DE LOS HOMBRES.

¿Haces cosas para aparentar algo que no eres? Los demás podrán creer que eres cristiano porque vas a la iglesia, te portas bien y hablas sobre Dios, pero el Señor sabe si realmente confías en Jesús como tu Salvador. Si no, deja de fingir. Él ve cómo eres en realidad. Confía en Jesús hoy mismo. (Haz clic aquí para que conozcas las Buenas Nuevas que Dios tiene para ti).

Clave de Hoy
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