Levanta tu voz

“¡Feliz cumpleaños!”, dijo Ana cuando llegó a la fiesta de cumpleaños de su amiga Rina.  Ana estaba emocionada porque su familia se había mudado poco tiempo atrás y ella había estado orando por nuevas amigas.  Ahora ya tenía algunas.

Pero hubo un problema en la fiesta de Rina.  “A ver, chicas”, dijo Rina cuando estaban listas para el primer juego.  “Esto es lo que deben hacer: todas tienen que sacar una tira de papel de esta canasta.  Cuando sea su turno, deben hacer lo que dice ahí”.  Ella comenzó a pasar la canasta y cada niña sacó una tira de papel.

Ana miró con entusiasmo su papelito.  “¡Oh, no!”, pensó.  “Esto está mal, pero si no lo hago, todas se van a reír de mí”.  Ana trató de pensar en una forma de escapar.   “Quizá podría cambiarlo con alguien… pero entonces le estaría pidiendo a otra persona que lo haga.  ¿Qué voy a hacer ahora?”  En silencio le pidió a Jesús que le ayudara y le mostrara qué debía hacer.  Entonces oyó que llamaban su nombre.

Ana respiró profundamente.  “Se supone que debo hacer un retrato del que yo creo que es el niño más feo de la escuela y pedirles que adivinen quién es, pero no… no puedo hacerlo”.  La habitación quedó en silencio.  “Soy cristiana y no me gusta ver a la gente de ese modo.  Estaría tratando muy mal a alguien a quien Dios ama.  Lo siento”.

Después de un momento, Rina se encogió de hombros.  “Está bien, tú pasas.  Jazmín, te toca a ti”.

Al día siguiente, en la escuela, Serena, una de las niñas que había estado en la fiesta, se acercó a Ana.  “He pensado mucho en lo que dijiste en la fiesta”, indicó Serena.  “Yo también soy cristiana, pero normalmente no dejo que nadie se entere porque tengo miedo de que se burlen de mí.  Si a mí me tocaba ese papel, lo más probable es que yo hubiera hecho lo que decía ahí, aunque después me hubiera sentido muy mal”.  Serena hizo una pausa.  “Me alegra que tú no lo hayas hecho.  Me recordaste que debo contar a los demás que le pertenezco a Jesús”.

Ana se quedó sorprendida.  “Gracias, Serena”.  Ella sonrió.  “¡Comencemos a decirlo juntas!” BERNARD PALMER

LEVANTA TU VOZ POR JESÚS

VERSÍCULO CLAVE: ROMANOS 1:16

NO ME AVERGÜENZO DEL EVANGELIO, PUES ES EL PODER DE DIOS.   

¿Tienes miedo de que otros se enteren de que eres cristiano?  Puede que la gente reaccione de un modo negativo, pero no debes avergonzarte de Jesús.  Recuerda todo lo que Él ha hecho por ti y busca la manera de comunicar a los demás que amas y sigues a Jesús.  Confía en que Él te ayudará a levantar tu voz y a compartir de Su amor y verdad con otras personas, para que así puedas dar testimonio a tus amigos que no son salvos y animar a otros cristianos.

Clave de Hoy
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