Las muñecas

“¿Cómo te fue en tu cumpleaños, hijita?”, preguntó papá mientras abría la puerta del automóvil.

“¡Genial!”, contestó Magdalena mientras se acomodaba en el asiento.  “Mi mamá me dio una muñeca.  Será la mejor amiga de la muñeca que tú me diste.  Ya quiero que jueguen juntas”.

“¡Qué bien!”, afirmó su padre.  “Apuesto a que Adalia estará emocionada también de jugar con ellas”.

“Ajá”, dijo Magdalena, quien suspiró y se volteó para mirar por la ventana mientras pensaba en su hermanastra, Adalia.  Su papá se había casado poco tiempo atrás con una mujer llamada Jessica, y Adalia era su hija.  Magdalena ya no era hija única.

Cuando papá entró en el garaje, Magdalena se apresuró por las gradas, se sacó los zapatos y corrió a su habitación, con muchas ganas de jugar.

Unos minutos después, Adalia entró.  “¿Puedo jugar contigo?”, preguntó.

“¡No!”, respondió Magdalena severamente.  Los ojos de Adalia se llenaron de lágrimas y la niña salió corriendo de la habitación en un gran llanto.

Unos minutos después, Magdalena oyó pasos que se acercaban.  “Hola, papá”, saludó nerviosamente mientras miraba fijamente el piso.

“Sentémonos por un momento en tu cama”, le sugirió su padre.  La niña se sentó a su lado, con las piernas colgando por uno de los lados.  “Adalia nos contó a mí y a Jessica que no le dejas jugar contigo”, comentó papá.  “Vine para entender por qué”.

“Papá, ¡son mis muñecas!  ¿Por qué tengo que compartir?”

“¿Recuerdas cuál es el mayor mandamiento que Jesús nos enseñó?”, preguntó su padre.  “Amar a Dios con todo tu corazón y amar a tu prójimo como a ti misma.  No podemos hacer lo uno sin lo otro, y sé que amas a Dios porque has puesto tu confianza en Jesús.  Eso significa que también debes amar a tu prójimo”.

“Pero Adalia no es mi prójimo”, aseguró Magdalena.  “¡Es mi hermanastra!”

“Corazón, cuando Jesús dice que amemos a nuestro prójimo, se refiere a todos los que son parte de tu vida, incluyendo a tu hermanastra.  Cuando veníamos a la casa dijiste que querías que tus muñecas sean mejores amigas.  Bueno, así se siente Dios con nosotros.  Él quiere que los cristianos nos amemos y apoyemos unos a otros.  ¿Alguna vez se te ocurrió que quizá Él trajo a Adalia a tu vida para que las dos puedan ser amigas?”

“Creo que no”, admitió Magdalena.  “Tal vez, si dejo a Adalia jugar con mis muñecas nuevas, también podamos ser amigas”.  —  AMBER METZ

ÁMENSE UNOS A OTROS

VERSÍCULO CLAVE: JUAN 13:34

UN MANDAMIENTO NUEVO LES DOY: QUE SE AMEN LOS UNOS A LOS OTROS; QUE COMO YO LOS HE AMADO, ASÍ TAMBIÉN SE AMEN LOS UNOS A LOS OTROS.

¿Hay alguien a quien te cuesta amar?  A lo mejor esa persona entró en tu vida por un cambio grande en tu familia y te cuesta ajustarte.  Recuerda que Jesús te ama y te ayudará con todos los cambios o situaciones difíciles que afrontes, y que cada persona que Él ponga en tu vida es alguien a quien Él quiere que ames.  Ama a los demás como Él te ha amado a ti.

Clave de Hoy
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