Gusanos de pecado

“¡Qué frío!”  Los dientes de Amalia castañeteaban mientras esta cerraba la puerta de la cocina y se sacaba las botas.  “Afuera está helado, mamá.  ¡Necesito guantes más abrigados!”

“Hay muchos guantes en el armario del pasillo”, contestó su madre.  Entonces ella abrió la puerta del clóset, hurgó por todos lados y sacó unos gorros tejidos, guantes y bufandas.  “¡Oh, no!”, refunfuñó cuando vio agujeros en algunas prendas.

“¡No recuerdo que hubiera hoyos en ninguno de nuestros guantes o bufandas el año pasado!”, exclamó Amalia.  “¿Qué les pasó?”

“Estas prendas están hechas de lana”, explicó mamá. 

“¿Polillas?”, preguntó la niña.  “¿Esos insectos que parecen mariposas?”

“Sí, pero el tipo que se mete en la ropa son muy chiquitas y no es en la fase en que tienen alas que se comen las fibras.  Es antes, cuando se ven como pequeñas orugas o gusanitos.  Cada uno puede comer lo suficiente como para dañar la ropa permanentemente”.

“¿Gusanos?” Amalia hizo una mueca.  “¡Qué asco!  ¿Quién creería que esos animalitos tan chiquitos podrían arruinar guantes tan buenos?”  Luego sonrió.  “Es como mi clase de la semana pasada en la iglesia.  Tengo que contárselo a mi maestra”.

Mamá se veía sorprendida.  “¿De qué se trató la clase?”, preguntó.

“Era sobre cómo las cosas chiquitas pueden hacer mucho daño”, respondió Amalia.  “Como las veces en que nos sentimos tentados a creer que contar una mentirilla o hacer un poquito de trampa no es tan malo”.

“¿Y qué aprendiste sobre eso?”, preguntó su madre.

“Bueno, aprendimos que, ante los ojos de Dios, el pecado no viene en tallas.  Todo pecado es precisamente eso: un pecado.  Todos son malos”.

“Eso es cierto”, aseguró mamá.  Lugo tomó un guante comido por los gusanos.  “Si le idea de que los gusanos se hayan comido tus guantes nos da asco, imagínate en cuánto asco le causa el pecado a Dios.  Él lo odia, todo el pecado, y nosotros también debemos aborrecerlo.  Esa es la razón por la que debemos acudir a Jesús para pedir perdón, incluso por los supuestos ‘pecadillos blancos’, y confiar en que Él nos ayudará a hacer lo que es bueno”.

Amalia asintió.  “Eso es lo que dijo mi maestra, que necesitamos que Jesús nos ayude a decir que no cuando seamos tentados a hacer algo malo, sin importar lo chiquito que parezca.  Pero creo que lo entiendo mejor ahora, después de ver lo que esos desagradables gusanos les hicieron a mis guantes”.  —  SHERRY L. KUYT

ODIA TODO EL PECADO

VERSÍCULO CLAVE: SALMO 34:14

APÁRTATE DEL MAL Y HAZ EL BIEN, BUSCA LA PAZ Y SÍGUELA.

¿Crees que los supuestos “pecadillos blancos” no son tan graves, que no hacen ningún daño?  Piensa otra vez.  Todos los pecados nos hacen daño a nosotros y a los demás, sin importar cuán pequeño parezca.  Dios odia tanto el pecado que envió a Su Hijo a morir en la cruz para que podamos ser libres de él.  El Señor no toma el pecado a la ligera y nosotros tampoco deberíamos hacerlo.  Confiesa cada uno de tus pecados a Jesús.  Él te perdonará y te ayudará a hacer lo que es correcto.

Clave de Hoy
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