El columpio más alto

Sebastián y su amigo Carolo observaron el patio de juegos en su primer día del segundo grado. Carolo apuntó dos columpios vacíos.

—¡Mira! ¡Vamos a jugar a los columpios!

Los niños corrieron hacia allá, pero, cuando se acercaron, Sebastián se dio cuenta de que uno de ellos era más alto que el otro. «Yo quiero el alto», pensó. «Así podré llegar más alto que con el bajito». Entonces el niño corrió lo más rápido que pudo y agarró el columpio más alto.

Mientras los niños se impulsaban cada vez más alto en el aire, Sebastián miró a Carolo y frunció el ceño. «Él está subiendo mucho más alto que yo», pensó, así que se impulsó con más fuerza. Pero, a pesar de todo su esfuerzo, Sebastián seguía viendo que a Carolo lo estaba haciendo mejor que él.

Esa noche, durante la cena, Sebastián le contó a su familia sobre su primer día en la escuela y los columpios.

—Creí que el columpio más alto iría más alto que el bajo —comentó—. ¿Por qué no fue así?

—Bueno, el columpio más bajo tiene las cadenas más largas, entonces puede balancearse más lejos —explicó su padre—. No creo que eso en realidad te haga subir más alto, pero sí te hace llegar más lejos —papá sonrió—. No te sirvió de nada elegir el columpio que creías que era el mejor, ¿cierto?

Sebastián negó con la cabeza.

—Eso me recuerda de un versículo en la Biblia —indicó su madre—. Dice que cuando nos humillamos a nosotros mismos, el Señor nos levantará. Eso es mejor que subir muy algo con los columpios que tú y Carolo usaron hoy.

—¿Cómo nos humillamos a nosotros mismos? —preguntó Sebastián.

—Cuando ponemos a Jesús y a las demás personas por encima de nuestros propios deseos —explicó mamá—. La mayoría de la gente cree que será feliz con lo primero, lo mejor, lo más grande o la mayor cantidad de cosas en la vida. Pero la Biblia no enseña eso. Dice que la verdadera satisfacción viene solo de Jesús.

—Así es —afirmó papá—. Y Jesús se humilló a Sí mismo cuando nos puso a nosotros primero y vino a la tierra para morir en una cruz por nosotros. Cuando seguimos Su ejemplo y Lo ponemos primero a Él y a los demás, Dios nos honra y nos bendice por ello.

—Entonces, si quiero humillarme a mí mismo cuando Carolo y yo juguemos en los columpios, tengo que ir al más bajo… —Sebastián se detuvo y negó con la cabeza—. No. Tengo que dejar que él tome el más bajo porque es el que funciona mejor.

SARA L. NELSON

CONSIDERA A LOS DEMÁS POR ENCIMA DE TI MISMO

VERSÍCULO CLAVE: SANTIAGO 4:10

HUMÍLLENSE EN LA PRESENCIA DEL SEÑOR Y ÉL LOS EXALTARÁ.

¿Pones a los demás antes que a ti mismo? ¿O siempre agarras la galleta más grande, corres para ser el primero de la fila e insistes en jugar el juego que tú prefieras? Jesús no actuó de ese modo. Él es Dios y, sin embargo, se humilló a Sí mismo al convertirse en humano y morir por nuestros pecados. Sé humilde como Jesús. Dios te levantará y bendecirá tu vida cuando Lo pongas a Él y a los demás por encima de ti mismo.

Clave de Hoy
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