Cristiano de camiseta

“No es mi turno de sacar la basura.  ¡Hazlo tú mismo!”, le gritó José a su hermano mientras daba un portazo y bajaba furioso por las gradas.  Miró hacia arriba y vio a Arturo, su nuevo vecino, que estaba apoyado en la puerta del edificio, observándolo.

“Hola, José.  ¿Por qué siempre estás gritando?”, preguntó el niño.

José frunció el ceño.  “No te importa”.

Arturo apuntó a la camiseta que José traía puesta.  “Soy un hijo del Rey”, leyó.  “¿Qué significa eso?  Tu papá es plomero”.

“Se refiere a Dios”, explicó José.  “Soy un hijo de Dios.  Soy cristiano”.  El muchacho tomó su bate y su guate de béisbol.  “Voy al parque a juga a la pelota.  ¿Quieres venir?”

“Sí”, aceptó Arturo.  “¿Puedo lanzar?  Siempre lanzaba la pelota en mi viejo equipo.  Puedo lograr muchas ponchadas”.

“¿En serio?  ¡Bueno!  Si los otros chicos están de acuerdo, puedes intentarlo”, aseguró José.

Cuando comenzó el partido, Arturo era el lanzador.  Los primeros tres bateadores salieron en carreras y José empezó a dudar de la habilidad de Arturo para lanzar.  Al final de la segunda entrada, iban perdiendo seis a uno y reemplazaron a Arturo con su lanzador usual. 

De regreso a casa, después del partido, José le contó a su mamá sobre Arturo.  “Es un hablador.  No podría distinguir un buen lanzador de uno malo, y se lo dije”, exclamó José, indignado.

Su madre levantó las cejas.  “Me pregunto si él piensa que tú y él son cortados por la misma tijera”.

“¿Por qué pensaría algo así?”, preguntó José.

“Te oí platicando con Arturo en la tarde, hijo”, aseguró mamá.  “Oí cómo te preguntó por qué gritas tanto y te preguntó también sobre tu camiseta.  Escuché tu respuesta.  Le dijiste que eres un hijo de Dios”.

José se encogió de hombros.  “¿Y qué?  Eso es bueno, ¿no?”

“Arturo aseguró ser un buen lanzador, pero tú crees que es un hablador.  Tú dices que eres cristiano, pero me pregunto si él cree que eres solo un hablador también”.  José se quedó perplejo.  “Está bien dejar que otros sepan que eres un hijo de Dios por las palabras de tu camiseta”, afirmó su madre, “pero debes ser más que un cristiano de camiseta.  Tus acciones deben ir de la mano con esas palabras”.

José asintió.  “Creo que tengo que ir a pedirle perdón a Arturo”.  —  BARBARA J. WESTBERG

DA TESTIMONIO CON TUS PALABRAS Y ACCIONES

VERSÍCULO CLAVE: SANTIAGO 3:13 (NTV)

SI USTEDES SON SABIOS Y ENTIENDEN LOS CAMINOS DE DIOS, DEMUÉSTRENLO VIVIENDO UNA VIDA HONESTA.

¿Tus acciones van de la mano con tus palabras?  Es genial levantar la voz y decir a los demás que eres cristiano.  Esa es una parte importante de testificar de Jesús.  Pero la manera en que actúas es igual de importante.  Comunicar a otros que perteneces a Jesús incluye más que la promoción en una camiseta.  Deja que otros vean Su amor y gracia en todo lo que haces.

Clave de Hoy
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